Artes virtuales

Las relaciones de producción artística acaban de ingresar en una nueva era de la que se conoce el comienzo, pero no el final. Artistas, escritores y cantantes utilizan la formidable plataforma de las redes sociales, de una vitalidad pasmosa, para promocionar sus obras antes de que salgan a la venta.
En los noventa Damien Hirst, el chico malo del arte británico, se valió del escándalo mediático desatado por la prohibición de la muestra Sensation para vender un tiburón embalsamado por 11 millones de dólares.

Ahora es Lady Gaga quien saca provecho de los 10 millones de fans en Facebook y los 5,6 millones de seguidores en Twitter (campeona indiscutida de esta red), para vender discos cuando nadie vende. Despachó 13 millones de su última placa con la ayuda de Facebook, un planeta de 500 millones de habitantes, el tercero después de India y China, aunque varios millones de ellos estén muertos y nadie haya dado el parte de defunción.

Según Le Temps, de Ginebra, en este singular país sin cementerios hay 4 millones de perfiles de usuarios muertos que permanecen activos, por eso recomiendan los escribanos incluir el password en el testamento.
Hay todavía más: dos escritoras norteamericanas inventaron el perfil de Natalie Pollock, una adolescente que tiene 799 amigos, para promocionar la novela por entregas que publica la revista Slate.

Sin ir más lejos, alguien se tomó la molestia de subir a Facebook un perfil con mi nombre y mi fotografía, que no soy yo, sino un "asistente/fan" que se tomó la atribución. En breve, queridos lectores, el blog de Alicia de Arteaga tendrá su página oficial en Facebook y será comunicado por Twitter.


Fuente: “Twitter y Facebook, el nuevo marketing” de Alicia de Arteaga.

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